Filosofía fuera de la universidad
Aprender a pensar, una vocación argentina
Publicado el 30 de Junio de 2011

Como el psicoanálisis, la asistencia multitudinaria a cursos de Filosofía es un rasgo nacional. Principales talleres y maestros.
Se dedicaron a la Ingeniería, otros son psicólogos, algunos optaron por una carrera rentable o no quisieron ingresar en la universidad por todas las obligaciones que un medio académico requiere. Leyendo a Borges encontraron referencias a Spinoza; en un reportaje escucharon a Abelardo Castillo nombrar a Kierkegaard como su filósofo preferido; Tom Lupo en su programa de radio dice unas frases de Nietzsche que están buenísimas. Unos y otros, cada vez y con más frecuencia, comienzan a preguntarse cómo encontrarse con lo filosófico.
En la librería Crack Up de Palermo Viejo (hoy modernísimo), Diego Singer trata de acercar la Filosofía al público con una especie de reunión o clase abierta a la que denominó Filosofía a la gorra. Algo similar, más de diez años atrás, llevó a cabo Luis Jalfen y posterior a su muerte, Florencio Noceti en el bar El taller. Diego Singer, con una pila de libros al alcance de la mano, de los cuales irá leyendo párrafos a lo largo de su disertación, presenta el tema. Esta vez: Lo apolíneo y lo dionisíaco. Más de 20 personas lo escuchan desde las mesas del café de la librería. “El texto ocupa el lugar del saber y los participantes hacen el aporte para llegar a la producción que sería la comprensión de ese texto”, comenta. Gabriela, que conoció a Diego a través de Filosofía a la gorra, cuenta que le gustó la manera en que expuso los temas y que ahora es alumna del taller que Singer da los jueves. Olga, otra participante, destaca del evento el incentivo a la reflexión.
Tomás Abraham, en cambio, propone asistir como oyente al Seminario de los Jueves. En el amplio escenario del Espacio Callejón, alrededor de una gran mesa, los integrantes del seminario de los jueves se saludan, toman asiento, conversan y destapan botellas de vino tinto. La mayoría son hombres y mujeres de un promedio de edad de 50 años. A las 20:45 Tomás Abraham hace sonar una campanilla. Los movimientos se aquietan, las voces se extinguen. Micrófono en mano, Abraham hace dos anuncios. El primero es que si quieren seguir tomando vino en los próximos encuentros, traigan de sus casas, porque el que había se acabó. “Esto es un espacio de filosofía, no una bodega”, dice. El segundo anuncio es el de la exposición de pinturas de Horacio Cacciabue. Todos aplauden a Horacio, uno de los integrantes de la mesa. En las gradas de la sala, unas 20 personas observan. Entre ellos hay curiosos y aspirantes a participar de la mesa al cabo de un año de asistencia perfecta. Abraham presenta la disertación de ese día e imparte consignas para tratar el tema que se desarrollará durante el resto del año: “Los griegos”. No quiere que los participantes del seminario se ocupen de historiadores de la filosofía. Los participantes de la mesa tiran nombres: Heidegger, Deleuze. Adorno queda descartado. “Quiero que traigan filósofos que hayan filosofado con los griegos”, dice Abraham. Verónica, frente a otro micrófono, comienza a leer de su laptop el ensayo preparado para la reunión: “Los sofistas”. Una vez terminado, los integrantes comienzan a hacer preguntas y también exponen sus puntos de vista respecto al tema tratado. Esto da lugar a algunas discusiones. Se habla del Ser, del no Ser, del problema filosófico de Platón, de los Cínicos, de lo interesante que resultaría tratar el tema desde Aristóteles, de la actualidad que tiene hoy día el pensamiento griego, de idealismo, de nominalismo, de lo abstracto, de la imagen, de simulacro, de Kierkegaard, de Nietzsche.
PENSAR. Diana Sperling nos recibe en su casa de Belgrano. Nos cuenta que el taller de filosofía es un fenómeno típicamente argentino, que cuando se quiso hacer en España no prosperó. “La mayoría de mis alumnos –dice– son profesionales, médicos, abogados, gente de arte, de ciencias, que han dedicado 20 años a formarse en lo suyo y que de repente advierten que necesitan una mirada más abarcadora que les ayude a comprender inclusive su propia práctica, para enriquecerla y para entender qué están haciendo; entonces, si bien no es un ambiente académico, no deja de estar ligado a prácticas académicas o profesionales de distinto tipo. Quiero decir que los grupos de estudio no son un mero pasatiempo.” Diana Sperling comenzó estudiando Letras, luego pasó a Filosofía y completó su formación, mejor dicho la profundizó, “ya que la formación nunca se completa”, aclara, durante más de 15 años con Silvio Maresca. Recuerda que de él aprendió a pensar “en vivo”. “Después de la clase –cuenta– nos íbamos a tomar café con el grupo, y era tan desbordante el entusiasmo que tenía que lo despertaba a mi marido para contarle, y una de las cosas que le decía era que en la clase yo escuchaba el ruido de la cabeza de Silvio al pensar. Estaba gestando el pensamiento en ese momento, no transmitía ideas prefabricadas.
¿SE REQUIERE FORMACIÓN PREVIA? Al consultar a Laura Klein sobre la formación necesaria para participar en sus talleres, ella responde que no exige una formación filosófica, ni de ninguna otra disciplina. “En realidad –dice– no se trata de conocimientos sino de una cierta disposición, una avidez por el pensamiento como una práctica vital que cambia la vida (para bien y para mal).” En este plano todos los entrevistados coinciden en que por encima de los conocimientos y la formación está la voluntad, el deseo, el compromiso.
Carlos Casali se formó en los años setenta. “Era una época –asegura– en la que creo no había más de tres o cuatro personas dando talleres en un contexto circunscripto por lo político, el existencialismo, el marxismo, el psicoanálisis.” Desde hace cuatro años da el taller de Filosofía en la Biblioteca del Congreso. La primera reunión comenzó con la Carta sobre el Humanismo de Heidegger. “A veces tengo la impresión de que no comprenden demasiado, a parte de que yo no les simplifico nada y continúo con la complejidad que tienen los temas. Sin embargo, siguen viniendo. Es entonces cuando pienso que uno en realidad no comprende de una manera tan consciente, racional. Comprender es placentero. Encontrar algo en el fondo de un tema complejo es placentero.”
¿QUÉ ORIENTACIONES TIENEN LOS TALLERES? En sus grupos de estudio, Sperling propone lecturas, recorridos y facilitar el acceso a los textos. “Enseño filosofía griega, Nietzsche, Spinoza, lectura filosófica de la Torah. El pensamiento de Occidente proviene de Atenas y Jerusalén, lo griego y lo judío, ninguna de estas dos vertientes se puede dejar de lado.”
Casi en su totalidad los talleres y grupos de estudio de Cerdeiras están centrados en la lectura y discusión de la filosofía de Alain Badiou, “tanto en su vertiente filosófica como en la posibilidad de coordinar cierto pensamiento político y ponerlo sobre la mesa de discusión”.
Abraham concibe su seminario como una propuesta teatral: “La letra es de Michel Foucault, la música de Gilles Deleuze y la coreografía de Witold Gombrowicz.”
¿Qué se hace en un taller? Cada participante tiene llave del edificio donde Cerdeiras da su taller. De manera que uno se sienta a la mesa redonda y comienza a conversar con él y con el que haya llegado a la espera de los demás integrantes, como si se tratara de una familia en el mejor sentido de la palabra. El grupo de los lunes a las 17:30 –uno de los tantos– está formado por cinco integrantes: una licenciada en Historia del Arte, un jubilado bancario, una reconocida escritora, una médica psiquiatra y una psicoanalista. “Creo que los que se acercan a mis talleres, lo hacen porque la palabra Filosofía ejerce cierta fascinación. Tengo la sensación de que comprenden que la Filosofía es un antídoto contra el sentido común, contra lo que se podría llamar la opinión pública. Sería algo así como que el que se acerca a la Filosofía sabe que está en un mundo en el que está diciendo lo que se dice y que en la Filosofía puede llegar a encontrar lo que realmente piensa”, nos comenta Cerdeiras quien, paradójicamente, es abogado y se define como filósofo, ya que no necesita para serlo ninguna legitimación académica. Su sólida formación filosófica la adquirió fuera de la universidad.
En el centro de la mesa, pocillos, y café. La consulta sobre un libro deviene en una explicación en la que Cerdeiras enuncia los puntos coincidentes en las filosofías de Badiou y Deleuze. El comentario de Rodolfo, uno de los participantes, acerca de una entrevista a Deleuze en la que el filósofo francés dice no querer formar una escuela, basta para comenzar a hablar de desterritorialización, límites, esencia y poder. Luego se abocan al libro que vienen trabajando: En medio de Spinoza, de Gilles Deleuze. Cada uno tiene el suyo. Cerdeiras lee un párrafo. El resto subraya o anota en los márgenes de su libro o en un cuaderno. Cerdeiras detiene la lectura y hace un comentario aclaratorio, recibe preguntas, contesta, hace referencias a Marx, Nietzsche, Hegel. Sin distraerse de la conversación toman café. Se retoma la lectura.
La clase termina a las 19 hs. Cerdeiras destaca la actitud del posmodernismo en cuanto a socavar los cimientos de una filosofía monumental, pero le critica no haber podido construir nada nuevo con los escombros. Detrás de él, una biblioteca hasta el techo, un pizarrón, las fotos de sus nietos con la camiseta de Boca y una foto del subcomandante Marcos saludando desde una no tan lejana Chiapas parecen respaldarlo.



2 comentarios
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Lucas Benson escribió:
4 diciembre, 2011 a las 4:55 (UTC -3)
160 en el caso de querer recibir el articulo en su domocilio, se podria enviar por correo argentino
Lucas Benson escribió:
4 diciembre, 2011 a las 5:21 (UTC -3)
160 en el caso de querer recibir el articulo en su domocilio, se podria enviar por correo argentino